lunes, 7 de diciembre de 2015

Novela gráfica #1: Aquel verano de Jilian Tamaki y Mariko Tamaki


¡Hola a todos y a todas!

Hacia mucho tiempo que no leía ningún tipo de novela gráfica, quizás porque no sabía por cual decantarme, normalmente este tipo de libros tienen menos publicidad, o no, y soy yo la que no está metida en el mundillo, lo que me hace no enterarme de novedades, no lo sé. 
El caso es que a parte de frío, lluvia y mucha niebla, en Pamplona también hay una maravillosa red de bibliotecas públicas con una colección de comics y novelas gráficas impresionante, y para inaugurar mi carné decidí sacarme una, para probar algo a lo que no suelo acercarme en las librerías.

En esta ocasión se trata de "Aquel verano" de Jilian Tamaki, su escritora, y Mariko Tamaki, la dibujante.



Como podéis imaginar, la elegí por que tanto la ilustración de la portada como el título me enamoraron, y ya cuando lo abrí para ojearlo... no lo solté.


La historia nos la cuenta Rose, una preadolescente que como cada verano desde que tiene 5 años, pasa sus vacaciones en un camping en Awago Beach con sus padres. Pero este no va a ser un verano más, este va a ser el verano en el que Rose comience su (horrible) adolescencia. Ya no querrá hacer castillos en la arena, su amiga Windy y ella querrán hacerse mayores viendo películas no recomendadas para su edad, se interesará por un chico, vivirá desesperada la depresión de su madre y hablar del tamaño de sus tetas será lo que más les preocupe... vamos, una adolescente en pleno cambio. 


A simple vista y leyendo la sinopsis puede parecer algo aburrido, pero no es en la trama en lo que se esconde la magia de la novela; en este caso se esconde en las ilustraciones, en la magia que contienen las expresiones de los personajes, en la manera que te hace percibir los sentimientos de una niña confundida al no entender a sus padres y sobre todo, en el entorno, os prometo que yo he llegado a oler el mar y escuchar las olas. 
No sé como explicarme, pero consigue que te introduzcas en ese periodo estival donde todo transcurre lento, donde cada día te da tiempo de hacer miles de cosas pero a la vez nada, con el olor a campo y a playa. Te envuelve en ese verano en el que dejas de ser niña para convertirte en adolescente despacio, sin grandes traumas, solo por el paso del tiempo... y eso es lo que se puede palpar en el libro... el paso del tiempo.


En definitiva, me ha parecido una perfecta lectura de fin de semana, porque a pesar de sus 318 páginas se lee en una tarde. Transmite paz y sobre todo, te permite reflexionar sobre lo mucho que cambiamos a lo largo de nuestra vida, porque a pesar de que ninguno vivamos exactamente el mismo verano que Rose, si vivimos ese verano que sin darnos cuenta nos cambió.






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